
Cuando los gallos invaden la isla: ¿quién detiene a las gallinas salvajes en Mallorca?
Cuando los gallos invaden la isla: ¿quién detiene a las gallinas salvajes en Mallorca?
Gallinas domésticas asilvestradas pueblan rotondas, polígonos y cascos urbanos. ¿Quién se hace responsable en caso de accidentes, quién vigila las enfermedades animales — y por qué muchas medidas quedan fragmentarias?
Cuando los gallos invaden la isla: ¿quién detiene a las gallinas salvajes en Mallorca?
Pregunta central
¿Qué peligro representan realmente las nuevas colonias de gallinas en Mallorca — para el tráfico, las explotaciones avícolas y el descanso nocturno — y quién asume la responsabilidad antes de que un inconveniente local se convierta en un problema de salud o seguridad?
Análisis crítico
En los últimos cinco años ha cambiado algo que antes se esperaba solo en granjas: las gallinas domésticas viven ahora en libertad en poblaciones y polígonos industriales. Los animales aparecen en rotondas, en los aparcamientos de supermercados como el Alcampo, en zonas industriales de Marratxí, en parques de Santa Ponça e incluso en el centro de localidades como Manacor, donde en un solar abandonado se llegaron a contar varios cientos de ejemplares. Las causas no son un misterio: éxodo rural, fincas abandonadas y falta de cuidado. La consecuencia son poblaciones que ni están registradas ni son vigiladas por veterinarios.
El problema es multifacético. Primero, las enfermedades animales: las gallinas asilvestradas entran en contacto con aves de corral y aves silvestres y pueden acercar patógenos como la gripe aviar a explotaciones controladas, como recuerdan Las Baleares endurecen las normas contra la gripe aviar. Esto aumenta el riesgo de pérdidas para los agricultores y obliga a los veterinarios regionales a extremar la vigilancia. Segundo, la seguridad vial: los animales buscan reposo en rotondas y aparcamientos —donde el asfalto linda con zonas verdes— y acaban en las calzadas. Ya hay informes de accidentes y situaciones de grave peligro para conductores y ciclistas. Tercero, la calidad de vida de los vecinos: gallos cantando al amanecer, nidos de descanso en lo alto de pinos o plátanos, excrementos en parques infantiles y jardines de hoteles.
Lo que falta en el debate público
El debate suele quedarse en anécdotas e indignación. Falta un enfoque coordinado: un censo unificado, un plan claro para captura, examen veterinario y seguimiento, así como normas vinculantes sobre gestión de residuos y prohibición de la alimentación en los municipios. También falta un plan de costes transparente: ¿quién financia las acciones de captura o las estaciones de acogida — el ayuntamiento, el gobierno balear, asociaciones de protección animal privadas? Por último, rara vez se plantea la cuestión jurídica: ¿cuándo son los animales propiedad privada, cuándo bienes comunes y quién responde por los daños en caso de accidentes?
Escena cotidiana en Mallorca
A primera hora en Marratxí, la luz aún azulada, pasa la máquina barredora y en la rotonda próxima al parque empresarial dos gallinas picotean indiferentes entre colillas y papeles. Una furgoneta frena, el conductor pita, las aves vuelan hasta un olivo bajo — a unos ocho metros de altura, según vecinos. En la terraza de una cafetería cercana los clientes debaten sobre las consecuencias económicas para los agricultores y los contenedores siguen abiertos. La escena resulta conmovedora y absurda a la vez: una estampa rural en medio de la vida suburbana.
Propuestas concretas
1. Censo unificado: los parlamentos insulares y los municipios deberían elaborar conjuntamente un mapa de colonias existentes, priorizando según riesgo (autovías, cercanía a explotaciones avícolas, focos turísticos); ya hay ejemplos municipales como Llucmajor establece límite: censo de gallinas ponedoras limitado a 40.000 animales. 2. Programa coordinado de captura y pruebas: las estructuras de acogida existentes, como refugios locales y el programa citado para animales asilvestrados, deben recibir mejor financiación y estar conectadas. Cada grupo capturado necesita pruebas veterinarias de enfermedades aviares y documentación, siguiendo la información sobre la gripe aviar de la OIE. 3. Reforzar higiene y gestión de residuos: contenedores cerrados y prohibición de alimentar animales reducen las vías de alimento que atraen a las colonias. 4. Trabajo de prevención además de reacción: campañas informativas en municipios, asociaciones de vecinos y centros turísticos sobre no alimentar, asegurar gallineros y cuándo avisar a las autoridades. 5. Investigar y evaluar alternativas: hay que estudiar seriamente si el control biológico de la reproducción en gallinas es factible, así como medidas de control que respeten el bienestar animal. 6. Normas claras de responsabilidad: los municipios deben analizar cómo gestionar legalmente los accidentes con animales y si son necesarios modelos de seguro específicos.
Conclusión
Las gallinas salvajes son síntoma de un problema más profundo: un cambio en el uso del suelo, infraestructuras insuficientes para la cría y reglas débiles sobre residuos y alimentación. Una isla que quiere armonizar tráfico, agricultura y turismo no puede dejar este reto solo en manos del voluntariado y de acciones puntuales. Se necesita una estrategia clara y coordinada —con cartografía, control veterinario, prevención y reparto transparente de costes; la declaración de zona de alto riesgo en las islas lo evidencia— Baleares declaran las islas zona de alto riesgo — nuevas normas para criadores de aves. Si no, Mallorca seguirá despertando por la mañana porque los gallos vulneran el derecho al descanso de las personas — y al final pagarán la cuenta agricultores, conductores y vecinos.
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