Puig de sa Morisca: el parque arqueológico de Calvià se vuelve más vivo

Puig de sa Morisca: el parque arqueológico de Calvià se vuelve más vivo

Puig de sa Morisca: el parque arqueológico de Calvià se vuelve más vivo

Calvià invierte alrededor de 1,6 millones de euros para hacer que el parque arqueológico Puig de sa Morisca sea más atractivo para familias, escolares y curiosos: nuevos senderos, un museo de parque y excavaciones participativas buscan acercar la historia.

Puig de sa Morisca: el parque arqueológico de Calvià busca cobrar vida

A primera hora de la mañana, cuando las cigarras aún no suenan con fuerza y el viento de la Tramuntana hace susurrar las copas de los pinos, ya se ven en Calvià los primeros paseantes subir la colina del Puig de sa Morisca. En este alto se alza un talayot restaurado, una antigua torre de piedra de la Edad del Bronce, y a su alrededor se extiende un terreno de 35 hectáreas repleto de vestigios de una ocupación que se remonta más de 3.000 años.

El ayuntamiento ha presentado ahora planes para que el parque sea mucho más accesible para los visitantes. Se han previsto unos 1,6 millones de euros para actuaciones: nuevos recorridos con zonas de descanso y de juego, un museo de parque como punto de partida para el descubrimiento y —como elemento especialmente vivo— excavaciones participativas en las que niños y adultos puedan experimentar la arqueología de forma práctica, en línea con la iniciativa Calvià inicia gran ofensiva: 25 millones para bulevares, canales y el museo Galatzó.

Eso suena a algo más que turismo: es una invitación a traer la historia de nuevo a la vida cotidiana. Un sábado por la tarde, una abuela de Santa Ponsa podría llevar a sus nietos, sentarse al sol en uno de los nuevos bancos mientras los niños trepan en la sombra y buscan «tesoros enterrados» con juguetes de arena. Escenas así dan vida a un lugar y hacen que la historia no se quede solo en los libros.

¿Cuál es el beneficio para Mallorca? Por un lado, un parque arqueológico atractivo refuerza la oferta cultural fuera de las playas y los hoteles. Ofrece a los visitantes una alternativa a centros comerciales y bares de playa; a los residentes, un espacio para aprender y disfrutar. Por otro lado, estos proyectos abren puertas a programas escolares: un corto viaje en autobús, un taller en el museo del parque y toda una clase adquiere una imagen concreta de cómo vivían aquí las gentes hace milenios.

Los recorridos propuestos incluirán pequeñas islas de descanso: lugares con sombra, mobiliario sencillo e paneles informativos donde se pueda disfrutar de las vistas sin tener que seguir caminando. Las zonas de juego no tendrán carácter ferial, sino que serán áreas con vocación natural: troncos de castaño para equilibrarse, una pequeña rampa de tierra y estaciones de aprendizaje que expliquen de forma lúdica cómo se construyó un talayot.

Las excavaciones participativas pueden convertirse en el núcleo de la experiencia para los visitantes. Bien organizadas y con acompañamiento técnico, ofrecen una forma segura y responsable de vivir la arqueología. Escuelas, grupos pequeños y familias podrían participar en actividades de fin de semana o en programas vacacionales. Para los propios arqueólogos supone encontrar nuevas vías para combinar investigación y difusión sin poner en riesgo los yacimientos.

Es importante mantener un equilibrio en la ejecución: protección de los sitios, accesibilidad sencilla y buenas explicaciones. Serían útiles visitas guiadas locales en varios idiomas, franjas horarias fijas para las actividades prácticas y senderos claros que preserven las zonas sensibles. También sería beneficiosa la cooperación con los museos de Palma y los centros educativos de la isla, para que los contenidos no solo se presenten de forma atractiva, sino con base científica.

Para la vecindad, el proyecto podría aportar impulso adicional: cafeterías cercanas con productos locales, pequeñas rutas guiadas por voluntarios, mercados de fin de semana con artesanía de la región. Esas conexiones hacen del parque parte de la vida cotidiana en lugar de una atracción aislada. Quien por la mañana sostiene la taza de café en el balcón del Passeig Cala Vinyes podrá escuchar esas voces del cerro: no fuertes, sino presentes: clases escolares que aprenden, familias que hacen picnic, un viajero que busca una hora de quietud.

La inversión no es un gesto improvisado, sino una oportunidad para conectar patrimonio y vida diaria; forma parte del programa de infraestructura: 25 millones de euros en doce meses. Si los senderos, el museo y las actividades participativas se planifican bien, Puig de sa Morisca puede convertirse en un lugar que los residentes muestren con orgullo y al que los visitantes regresen con gusto. Un sitio donde no solo se hacen fotos, sino donde uno se lleva algo a casa: un pequeño trozo de historia local, una sensación del tiempo y de las personas.

Perspectiva: quien tenga ideas puede imaginar cómo serían las tardes de domingo en el parque —visitas con linternas en primavera, talleres para proyectos escolares o un “día de excavación abierta” en verano. Formatos así traerían vida al cerro y ayudarían a acercar el pasado al presente.

Conclusión: Los planes de Calvià para Puig de sa Morisca suenan realistas y atractivos. No se trata de exhibir la historia, sino de hacerla vivible: de forma sosegada, cercana y con respeto por el lugar. Quienes usen esos senderos en los próximos años descubrirán quizá que la arqueología se ha convertido en su excursión favorita.

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