El 30 de noviembre la Bodega Macià Batle se llena de música romántica: David Khrikuli interpreta los Scherzi de Chopin y suena el trío para piano de Mendelssohn op. 49. Un concierto para escuchar — y para respirar entre viñedos.
Pequeño concierto, grandes sentimientos: Matiné entre viñedos
Si el domingo 30 de noviembre por la mañana no tienes planes, deja un hueco en la agenda. La Bodega Macià Batle abre sus puertas para una matiné que llega directo al corazón. Estuve allí el año pasado: café recién hecho, un poco de niebla sobre las filas de viñas y un pequeño grupo de oyentes que escuchan en silencio. Esta vez están en el programa los cuatro Scherzi de Chopin y el trío para piano en re menor op. 49 de Mendelssohn.
David Khrikuli se sienta al piano — ya se le conoce como uno de los pianistas que llamaron la atención en el Concurso Chopin 2025 en Varsovia. A su lado la violinista Nina Heidenreich y la violonchelista Raquel Rivera. Tres músicos que tocan con limpieza técnica, pero sobre todo cuentan historias: en voz baja, en voz alta, con descaro y con ternura.
Los Scherzi: más que una broma
Los Scherzi de Chopin no son bromas en el sentido corriente. A menudo comienzan tempestuosos, te arrastran y luego se sumergen en un momento repentino de reconciliación, casi olvidado. Las cuatro piezas muestran un espectro que va de la pasión sombría a una ligereza sorprendentemente alegre: desde estallidos dramáticos hasta movimientos centrales etéreos y casi de cuento. En vivo, en una sala que absorbe el sonido con calidez, estos contrastes resultan aún más intensos.
El trío de Mendelssohn: conversación de tres voces
En la segunda parte suena el trío para piano op. 49 de Mendelssohn — una obra que a menudo se considera precursora de la música de cámara moderna. Aquí piano, violín y violonchelo comparten el escenario como buenos interlocutores: a veces discutiendo, a veces en acuerdo, siempre con una arquitectura clara. El Andante respira cual canción; el Scherzo es vivaz, casi elfo, un pequeño contrapunto frente a los monumentales monólogos pianísticos de Chopin.
Práctico: el concierto comienza por la mañana (calculo un inicio sobre las 11:30), la bodega es fácil de encontrar y se puede probar una copa de vino antes o después del concierto, si se desea. Hay aparcamiento, pero no infinito; quien llegue temprano tendrá mejor sitio. Y sí: no olvides una chaqueta abrigada, las mañanas y las noches empiezan a refrescar.
Para oídos sensibles y para quienes gustan de la música clásica, es una mañana delicada. No hay gran escenario de ópera ni programas llamativos — solo tres instrumentos, mucho sentimiento y el aroma del vino en el aire. Me hace ilusión encontrar allí a quien quiera alejarse del día a día y sumergirse en la música.
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